Jue. Oct 29th, 2020

Chips en el cerebro: ¿Una medida para controlar a la sociedad?

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Tal como lo lees, así como a nuestras mascotas, la sociedad avanza a un punto donde se estima que la forma más sencilla para llevar un control de la sociedad es mediante un chip subcutáneo y se realice una marginación automática de los ciudadanos. Por ejemplo, imaginemos que se almacena nuestro CV en un chip. Se alegará que así nadie puede falsificar un título que va alojado en el mismo. Pero si no tienes chip, ya no puedes buscar trabajo. Al final, un chip tendrá más entidad jurídica que la carne y la sangre que nos hace seres biológicos: chips para cobrar el desempleo, para pagar con tarjeta, para ir al médico, para contratar una nueva línea de teléfono, etc.

A esa altura, la sociedad sólo deberá conformarse a nuevas realidades. Se realizará un sesgo en la población ante aquellos que no estén “chipeados”, una exclusión social que afectará directamente a los más desfavorecidos.

Por el ya lejano 2006, escuchamos en EE.UU que se le pondría esta tecnología a inmigrantes ilegales. El problema radica en que se permitirá el poder de la fiscalización total del individuo. Sería, teóricamente, posible “desconectar” a una persona del sistema. Que ésta no pueda comprar, viajar, ir al medico o siquiera circular libremente.

Sea como fuere, en el horizonte de una plausible sociedad chipeada hay varios aspectos a tener muy en cuenta.

El primero y más importante es que la libertad individual y la privacidad habrán sufrido un durísimo revés. Como ya hemos visto por el escándalo de las escuchas, nos enfrentaríamos a que agencias como la NSA (y otras) tendrían acceso prácticamente ilimitado a la intimidad de una mayoría implantada. Nadie estaría a salvo y, como hemos mencionado, quien ejerciera este control podría hacerlo para llevar a la práctica fines ilícitos y no consensuados. Desde anular un historial académico hasta borrar la identidad de una persona non grata para el sistema.

Aquí, conviene recordar el programa COINTELPRO (1956-1971) del FBI, orientado a investigar y desarticular organizaciones políticas disidentes dentro de EE UU. El documento fundador de COINTELPRO dirigía a agentes del FBI a «exponer, desbaratar, descarriar, desacreditar o, de lo contrario, neutralizar» las actividades de estos movimientos y de sus líderes. Un proyecto de ese estilo con una población chipeada se nos antoja una lucha demasiado asimétrica.

En un mundo como en el que vivimos, quienes detentan el poder necesitan insuflar grandes dosis de miedo e inseguridad entre los ciudadanos. Instalada dicha paranoia, no hay duda de que los sujetos son más influenciables y manejables, fin último de cualquier mecanismo de control.

 

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