• Mié. Dic 2nd, 2020

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“Juan Pistola”: aquel que pavimentó al nuevo “robo del siglo” en el aeropuerto.

Doce años antes de ser un eslabón clave en “el nuevo robo del siglo”, uno de los más millonarios en la historia, Juan González se ganó un inusual apodo. Fue en el año 2008 cuando fue detenido como parte de una banda que abastecía de armas al conocido clan de narcotraficantes los Carejarro, el mismo año que fue condenado por realizar convenciones ilegales sobre armas de fuego y municiones en Santiago. Desde entonces todos empezaron a llamarlo como si fuera el protagonista de una película de vaqueros: “Juan Pistola”.

En ese proceso judicial se lo acusó de tener en su posesión dos escopetas calibre 12, un electroshock y una pistola. Por ese impasse con la justicia lo condenaron a 541 días de prisión.

Pero la historia de Juan, un hombre calvo que no supera el 1.65cm de altura  – y quien hoy fue formalizado quedando en prisión preventiva junto a los otros cinco acusados por el nuevo robo del siglo- no sólo se suscitó en el mundo delictual. Al menos 15 años, trabajó en el área de carga del aeropuerto. Un trabajo donde su apodo, más que otorgarle aires de gánster, fue motivo de bromas entre sus pares.

Según aportan antiguos compañeros de labores, quienes prefieren resguardar sus identidades, Juan comenzó desde abajo en el ecosistema laboral de la zona de cargas del aeropuerto. En un principio era empleado y manejaba camiones, pero con el paso de los años fue adquiriendo responsabilidades, la última de ellas en DyD Cargo, una sociedad anónima creada el 2003, cuyo giro contempla la prestación de servicios de agencia de carga y el transporte multimodal nacional e internacional.

Un ex empleador de Juan agrega que “El Pistola” era un hombre educado, respetuoso y conocedor de mucha gente al interior del aeropuerto. Según indica la misma fuente, nunca tuvo problemas al interior del recinto y conocía de la A la Z los secretos del mundo del aerocargo.

Fue este conocimiento ­­–esos 15 años de experiencia– que el fiscal adjunto de la Fiscalía Occidente, Eduardo Baeza, reconoció como un elemento clave para la materialización del robo más grande en la historia policial del país: más de 12 mil millones de pesos.

 El secuestro

El Ministerio Público detalló durante esta jornada el plan que habrían realizado los asaltantes durante las semanas previas al atraco. El día 28 de febrero parte de la banda  habría visitado el aeropuerto. Fue precisamente en esta “visita” donde Juan Pistola, junto a Walter Lizana Guzmán, quien trabajaba en el aeropuerto como auxiliar de agente de aduanas, realizaron un verdadero ensayo de lo que ocurriría días más tarde y que permitiría el robo desde la empresa Aerosan, donde según informó la Fiscalía, además trabaja un concuñado de Juan.

La alegría por el éxito del atraco, sin embargo, poco le duró al experto en armamentos. A solo once días de participar en el millonario robo, Juan Pistola fue secuestrado por otros delincuentes. Se lo llevaron en una camioneta roja, lo mantuvieron retenido durante más de cinco horas y, al igual que en algunas series policiales de moda, le intentaron cortar uno de sus dedos. Tanto así que terminó en silla de ruedas producto de una golpiza.

“En el mundo delictual cuando hay robos de esta naturaleza –detalló el Ministerio Público en la formalización– lo que suele pasar es que secuestran a quienes robaron esa gran suma de dinero. En consecuencia, no es casual que hayan secuestrado a don Juan González, lo que significa para el hampa que él tenía dinero en su poder”.

Y son precisamente esos códigos del hampa, conocidos por Juan, los que nunca se pudo sustraer. Tras el secuestro, que fue denunciado por su cónyuge, el pistolero no aportó antecedentes que ayudaran a esclarecer su secuestro y la investigación judicial no prosperó. El Pistola le dijo a los detectives que investigaban que lo habían confundido con un traficante. Una mentira que le sirvió para burlar a la policía, al menos durante un tiempo.

Al cabo de dos meses, los detectives volvieron a tocar su puerta. Juan Pistola fue detenido por lo que hasta entonces atesoraba como un secreto: su participación en el robo del aeropuerto.

Según se detalló en la formalización, González junto a Lizana aprovecharon el conocimiento que tenían del lugar por sus cargos como agentes de aduanas y como empresario de transporte. Ambos fueron el puente que permitió que Eloy Varas, líder de la organización criminal, pudiera estudiar el lugar en el que se iba a cometer el delito, resultando piezas claves para la materialización del robo.

En la audiencia se entregó otro detalle. El día en que detuvieron a Juan, durante la orden de entrada y registro a sus dos domicilios, se encontró un arma de fuego. El pistola, curiosamente, no tenía permiso para portarla.

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