• Mié. Dic 2nd, 2020

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ROBO CENTENARIO: Uruguay gana 2×1 a Chile en el inicio de las Clasificatorias a Qatar marcadas por los “horrores” del VAR.

Hay muchas formas de perder, pero si esa derrota tiene directa relación con el arbitraje, duele tanto o más que una goleada. Frustra. Provoca el deseo de romper el televisor. Un cobro incomprensible, un pito silenciado vaya uno a saber por qué. Eber Aquino, el árbitro paraguayo, se transforma en enemigo del estado chileno, el nuevo Bouchardeau. Porque en complicidad con el VAR despojó a la Roja de una hazaña en Uruguay.

La Selección cayó 2-1, en la agonía. Pero no mereció caer. Sería el resumen de un partido normal en el Centenario por Eliminatorias, pero todo queda en segundo plano tras el delito del silbato.

Rueda sorprendió. Apostó por Nicolás Díaz como lateral izquierdo. Por la derecha dejó a su hermano Paulo y armó una línea de cuatro en el fondo, distinto a lo que había ensayado en su único entrenamiento en Juan Pinto Durán. El DT seguramente pensó que así se neutralizaba el esquema local, con solo una referencia en ataque (Luis Suárez) y tres volantes detrás de él.

Lo concreto, más allá de los dibujos tácticos, es que Chile sí fue muy competitivo. Sorpresivo nivel de Francisco Sierralta, uno de los novatos, con personalidad en el centro de la zaga. No se achicó ante Suárez, que molesto le gritó el 2-1 en la cara. La debilidad estuvo por las bandas, con los hermanos Díaz, a quienes les costó afirmarse en el primer tiempo.

Nico sufrió más, y con razón, porque en la zona media la Roja dejó más espacio por esa zona. Porque ni Aránguiz ni Baeza, jugadores mucho más acostumbrados a moverse por el centro, cubrían con regularidad la orilla. Así, en el uno contra uno, Brian Rodríguez fue dominante contra el menor de los Díaz. De todas formas, y pese al dominio uruguayo, el juego era más o menos tranquilo para Gabriel Arias, salvo un tiro al travesaño de Valverde. Para desnivelar, el local necesitó la ayuda del VAR (y también de Paulo Díaz, que perdió el balón en la salida). La tecnología avisó al árbitro una mano de Vegas (discutible, porque primero pegó en el muslo) y Suárez no desperdició el regalo.

Un castigo muy duro. Rueda tenía que recomponer la moral de los suyos, apoyarse en los más grandes, apostar al liderazgo de las cuatro insignias de la generación dorada. Vidal, para ser justos, ya era por distancia el mejor de la cancha, pero hacía falta mayor presencia de Aránguiz, Vargas y Sánchez. Y vaya que escucharon el llamado, porque justamente una muy hermosa triangulación de estos tres terminó con el empate, obra de Alexis (54′).

A esa altura, la Selección mostraba su mejor rostro. Con el compromiso de todos y complicando a una defensa rústica. Sánchez se ganó tres patadones en cinco minutos, con la permisividad del juez. El ariete del Inter tenía muy agitada a toda la retaguardia, mientras que Vidal dominaba todo. Omnipresente.

Chile merecía más, pero Aquino y el VAR les arrebataron esa posibilidad. Así como fueron drásticos con la mano de Vegas, se quedaron indecentemente callados con una mano alevosa de Coates, que sí fue revisada. La Roja se sintió robada, con razón.

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