• Jue. Dic 3rd, 2020

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Vergüenza Monumental. Colo Colo pierde en los últimos minutos ante Jorge Wilstermann de Bolivia y se despide de la Libertadores.

Terrible. Vergonzoso. Irritante. Y por doloroso que se lea, esperable. Sin copas internacionales, sin dinero, sin fútbol… Sin nada. A Colo Colo solo le queda la humillación de perder 0-1 ante Jorge Wilstermann, un equipo que apenas jugó a no perder. Triste revés, otro más, que dejó a los albos últimos en el Grupo C de la Copa Libertadores y eliminados totalmente (y con justicia) del escenario internacional.

Sí, había mucho en juego. Sí, la posibilidad de seguir en la Copa o quedarse con el consuelo de la Sudamericana. Sí, un millón de dólares para repartirse entre los jugadores y el club. Argumentos de sobra para pelearla en serio. Pero en el fútbol, por más ilógico que a veces sea, un equipo no se vuelve bueno por un acto de magia. Por más intención y ganas que se pongan, al final siempre afloran las debilidades cuando ya se han vuelto costumbre en una campaña.

Así se resume el partido del Cacique. Contra un adversario que prácticamente renunció a cruzar la mitad de la cancha, que aglutinaba jugadores cerca de su área, Colo Colo no encontró los caminos. Sin juego asociado, sin dominio por las bandas, sin ideas. Sin nada que para marcar diferencia.

Lo cierto es que el partido fue amargo, terriblemente aburrido. De mucha tenencia de los albos, porque así lo planificaron los bolivianos, y con mínima acción en los pórticos. Un partido oscuro.

Y lo peor para los chilenos es que en Montevideo, el Paranaense ya le había dado vuelta el partido a Peñarol. Ganaba 1-2 y con eso la clasificación a octavos de final estaba a un gol. Es más, literamente sin hacer nada, el cuadro popular se instalaba en la Sudamericana.

Había que ir por el premio mayor. Gustavo Quinteros, sin embargo, ya lo había advertido: su elenco solo compite un tiempo. En otras palabras, no tenía herramientas para destrabar el juego. Algo intentó el DT metiendo a Provoste en lugar de Fuentes para darle más fútbol al mediocampo, pero a los pocos minutos se rindió ante la realidad y mandó a la cancha a Blandi y a Parraguez. Estrategia simple y desesperada: jugar a los ollazos.

Lo más desesperante es que ni eso salía, mientras que Peñarol volvía a ganar en su estadio. Blandi entró a nada. Parraguez entró a pelear… y a nada. El argentino se comió un cabezazo que era el 1-0, mientras que los bolivianos con su poca ambición generaban más peligro en el arco de Cortés.

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